El sueño es muy importante, y la naturaleza así nos lo demuestra. En un artículo anterior hablé del sistema glinfático, que sirve para limpiar los desechos de nuestro sistema nervioso central. Pues bien, este sistema está presente en todos los mamíferos. Es decir, todos ellos utilizan el mismo mecanismo para recuperar limpiar su cerebro y recuperar energías.

En cuanto a la duración del sueño, algunos animales necesitan más o menos horas que el resto. Los caballos, por ejemplo, con 3 horas tienen suficiente. Los elefantes se bastan con 4 horas de sueño. En el caso de los reptiles, estos necesitan entre 6 y 10 horas de sueño. En el caso de los perros este requisito aumenta hasta las 14 horas. Los felinos, hasta 16. Para los murciélagos esta cantidad aumenta a 19-20 horas diarias, de forma similar al oso perezoso. El animal que más duerme es el koala, con hasta 22 horas al día. Esta cantidad de horas es el total entre sueño nocturno y siestas diurnas.

Koala durmiendo
Y el récord al dormilón del día es para... ¡El koala!

Aunque la cantidad necesaria de sueño por animal sea diferente, todos necesitan dormir, sin excepción. Para el ser humano la media es 8 horas, pero hablaré de esto con mayor detalle en otro artículo.

El sueño se divide en varias fases que se repiten en ciclos, las más importantes son llamadas REM (rapid eye movement, asociada a la fase de los sueños) y NREM (no REM, asociada al sueño profundo). Hablaré de ellas en otro artículo, pero la duración de estas fases también varía entre animales.

Mientras en una noche de sueño los humanos podemos durar una hora en fase REM y repetir el ciclo del sueño 5 o 6 veces, en otras especies como algunos reptiles esta duración no llega a los dos minutos, aumentando la frecuencia de los ciclos del sueño hasta 350 veces.

Hay otros animales que llevan el sueño a otros niveles, como en el caso de las aves, que poseen la capacidad de “desactivar” una parte de su cerebro, de forma que por ejemplo mientras están volando durante sus procesos migratorios, puedan poner a dormir la mitad de su cerebro mientras que la otra permanece despierta para evitar chocar o caerse en pleno vuelo. También les es útil para evitar depredadores.

Cuando pasa un rato de sueño cambian la parte del cerebro activa para que todo el cerebro acabe durmiendo el tiempo necesario para realizar sus funciones vitales. Esta característica se llama sueño unihemisférico, y también está presente en algunos mamíferos como es el caso de delfines y ballenas, que nunca dejan de nadar y necesitan controlar la respiración.

En el caso de los peces, aunque no puedan cerrar sus ojos porque no tienen párpados, también duermen a través de reposar y disminuir su consciencia, aunque no llegan a soñar como lo hacemos los humanos. Lo mismo pasa con reptiles y anfibios. Imagina a los dinosaurios, durmiendo plácidamente bajo un árbol.

Algunos estudios[1] sugieren que los patrones del sueño empezaron a evolucionar para cada especie hace, al menos, 320 millones de años.

Dinosaurio durmiendo

Para ir más lejos, el hecho de dormir no es algo exclusivo del reino animal. Incluso las plantas, hongos y hasta organismos unicelulares como las bacterias tienen procesos similares al de dormir, adaptándose al día y la noche. Hay casos muy evidentes, como los girasoles, pero el resto de seres vivos aunque sean menos evidentes no significa que no duerman.

Girasol

Y tú, ¿conocías las particularidades del sueño en otras especies?

Hasta ahora, en los artículos anteriores, hemos visto muchos de los beneficios que nos aporta el sueño, qué sucede si no dormimos lo suficiente y qué ocurre mientras dormimos, pero todavía no hemos visto cómo se produce el sueño. ¿Cómo controla nuestro organismo cuándo deberíamos dormir? Hablaré de esto en el próximo artículo.


  1. "Slow waves, sharp waves, ripples, and REM in sleeping dragons, Science, Abril 2016 ↩︎